CONVERSIÓN ECOLÓGICA, UNA PERSPECTIVA CLARETIANA

Publicado Septiembre 19, 2019

Por P. José Jesús García Vázquez, cmf
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Queridos hermanos, comienzo esta pequeña reflexión con hermosas palabras del Prefacio del quinto domingo del tiempo ordinario: Es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre Santo Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza: y lo hiciste dueño de un mundo portentoso para que, en tu nombre, dominara la creación entera y al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara”.

Te invito a tomar conciencia de que Dios todo lo hizo para nosotros y somos los dueños de cuanto existe en este mundo. Pero, nos creó a su imagen y semejanza para que amemos al mundo y lo conservemos. Si utilizamos la inteligencia que Dios nos dio a su imagen y semejanza, el mundo debe estar más hermoso, más armonioso. Pero ¿qué es lo que pasa? Que el pecado de la ambición y la avaricia nos corroen y por eso estamos acabando con el mundo, explotando sin medida lo que Dios ha puesto en él para que vivamos en armonía con la naturaleza.

Necesitamos revisar el amor a Dios y al prójimo; porque nuestro prójimo no solo son los seres humanos sino toda la creación: los animales, las plantas, las piedras, el agua, etcétera. La naturaleza generosamente siempre se ha mostrado como nuestra hermana y nosotros debemos mostrarnos como hermanos de ella, generosos y cuidadosos de su bienestar.

Necesitamos un verdadero cambio ecológico y no solo desde lo que tú individualmente puedes hacer sino desde lo que comunitariamente podemos realizar. Necesitamos una conversión desde nuestra espiritualidad, desde nuestro amor a Dios.

Tenemos muchos vicios que no vamos a dejar, si no amamos de corazón a Dios y a nuestra hermana naturaleza, si no hacemos una conversión desde el interior.

Mira qué hermosura del Prefacio IX común: “Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen. Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano en el proyecto de la creación y le das tu Espíritu Santo para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo el hombre nuevo”.

Ofendemos a Dios cuando ofendemos a la naturaleza, no es porque la naturaleza sea Dios sino porque Dios está presente en ella. Ofendemos a Dios cuando destruimos la naturaleza: con el humo de las fábricas y de las quemazones, con tanto plástico que va a dar al mar, con tanto desperdicio radioactivo, toneladas de celulares desechados, tanta basura tirada en las calles, tanta gasolina quemada en las calles, tantas televisiones encendidas, tantos pulmones destruidos por el cigarro, tantos aviones destruyendo el ozono en el espacio, tantos árboles destruidos, tantas enfermedades por beber y comer tanto alimento chatarra.

Te pido que “te pongas las pilas” y veas en qué aspecto necesitas una conversión, pero desde lo más profundo del corazón.

Finalmente, otro de los vicios que tenemos es el egoísmo, hacemos pocos intentos por trabajar en comunidad en el proyecto de la creación. Te propongo que te organices con los de tu colonia o manzana, toma tú la iniciativa para ver qué se puede hacer para mejorar tu calle, tu medio ambiente.

Si ponemos un granito de arena, Dios pondrá lo demás para sanar las heridas de nuestra Casa Común, nuestro mundo.

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