CRÓNICA DE UN DÍA DE FIESTA

Publicado Octubre 28, 2019

Por Hugo López Araiza Vega
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Domingo 27 de octubre de 2019, a las 7:45 de la mañana, se escucha el replicar de las campanas llamando por segunda vez a misa en el Templo de San Antonio María Claret. }

Los vecinos de la Colonia Narvarte acuden al llamado. Algunos con misal en mano y muchos otros cargando trastes, enchiladas, café, pozole, empanadas argentinas, gelatinas, chocolate, pasteles, arroz con leche y demás viandas para animar la Fiesta Patronal.

Mientras los asistentes a misa escuchan con atención la parábola del fariseo y el publicano, un grupo de entusiastas feligreses preparan el salón Guadalupano. Unos cuelgan adornos del techo, otros colocan los regalos para la tómbola, aquellos calientan el mole. Se instaló el banco justo a tiempo para recibir a los devotos de misa de 8 de la mañana. Juan de Dios inició el cambio de moneda. Llegó el señor de los tamales y todos se apuntaron pero cual no sería su sorpresa al percatarse que estaban crudos. El señor fue requerido y se llevó su bote a cocer. El entusiasmo no decayó y los comensales se fueron a desayunar empanadas argentinas que convidó Germana, enmoladas, pozole de Paty Pacheco, servido por Esperanza Fuster. Laura Pavón se encargó de vender tostadas de tinga y de pata. Conchita Portas, una de las más veteranas, que tuvo la oportunidad de ver cuando se erigía el templo, estaba muy puesta sirviendo chocolate.

Al terminar la misa de 10, los jóvenes instalaron en la calle, un futbolito, un tablero con globos para reventar y un juego de canicas. Al terminar la misa de doce, llegaron los tamales. Los asistentes comenzaron a preguntar por la paella y tuvieron que esperar pacientemente hasta que Hugo llegó con dos paellas y en menos de 15 minutos se vendieron 44 raciones, dejando los trastes vacíos. Se requirió la ayuda de Blanca y Enrique para lograr la hazaña.

La música comenzó, la gente se entusiasmó, el Padre René Pérez, rector del templo, aprovechó para subastar una aspiradora, una cerámica de Lladró y un juego de vasos con jarra por el que estuvieron pujando Begoña y Sergio. El grupo de la Escuela de Pastoral se pusieron a vender los boletos de la tómbola. Rogelio hidrató a la comunidad con sus refrescos. Los postres a cargo de Deify comenzaron a volar, el arroz con leche de Claudia Viñuela se esfumó.

El baile comenzó y las mesas no fueron impedimento para todos menearan el esqueleto.

La música terminó, la comida se agotó, la lluvia se soltó, poco a poco se fueron levantando los puestos, y entregando las cuentas al banquero.

Las campanas volvieron a replicar, llamando a misa de seis de la tarde y mientras llegaban los asistentes a misa, en el salón guadalupano se levantaban los trastes y todos los feligreses se retiraban a descansar. La fiesta Patronal había terminado.

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