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RADIO CLARET MÉXICO POR PRIMERA VEZ EN TORREÓN

Publicado Diciembre 15, 2019

Por Reinel Maya Ojeda
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La Virgen de Guadalupe, más allá del verdadero significado religioso que tiene para los católicos, y de manera especial para el católico mexicano, es un fenómeno sociocultural de magnitud incalculable y manifestaciones diversas que trasciende al referente geográfico de su recinto del Tepeyac.

He volado hasta la Ciudad de Torreón, Coahuila, para conocer una tradición que inició un misionero claretiano, el P. Carlos Ripa, hace ya 75 años y que ha convertido a la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe -la iglesia más antigua- en emblema de la Ciudad de Torreón.

Esta parroquia -que a propósito está celebrando su 125 aniversario de erección canónica- recibe cada año a miles de peregrinos de diferentes grupos sociales, empresas, instituciones, sindicatos, pequeños negocios, escuelas y familias que se organizan para la tradicional procesión a lo largo de la avenida Juárez, concluyendo (en su mayoría) con una danza prehispánica frente al presbiterio. Se le conoce como bendición de las danzas y que este año -según nos ha platicado el párroco, P. Alejandro  Cerón Rossainz, cmf, ha adquirido magnitudes históricas, pues se contabilizan alrededor de 200 mil peregrinos. Una verdadera romería con un toque carnavalesco que revela el profundo respeto y amor, pero también alegría y regocijo, de esta Comarca Lagunera a la Santísima Virgen María.

En entrevista para Radio Claret México, una de las peregrinas, cuando le pregunté si era católica me contestó: Sí, por supuesto, soy católica, pero más guadalupana. Éste es el sentir que se inocula por la piel de implicados y testigos y que la sana doctrina y teología más erudita no pueden explicar, una profunda identidad como católicos y bautizados y al mismo tiempo, una marcada distinción e identificación con la Madre del Verdaderísimo Dios, por quien se vive.

Este año las festividades se extendieron desde mediados de noviembre y Radio Claret México por primera vez llevó a cabo una cobertura especial por medio de transmisiones en vivo desde el martes 10 de diciembre hasta la Misa Solemne del 12 al mediodía.

Tuve la oportunidad de “meterme hasta la cocina” en esta comunidad claretiana y convivir con los diferentes sacerdotes que la conforman: el P. René Morales, cmf, Superior de la Comunidad, de quien resalto con cuánta deferencia recibía a los diferentes grupos a quienes entregaba un reconocimiento por su participación, conmigo también fue muy atento, haciéndome sentir acompañado y recibido; el P. Alejandro Cerón, párroco y anfitrión, quien con todo respeto que caracteriza su persona me acogió y dispuso todo lo necesario para que tanto mi estancia como mi trabajo en esta comunidad fuera exitoso; el P. Rogelio Carmona, callado en ocasiones, pero entregado y gentil, hombre de firme compromiso con el pueblo de Dios; y el

P. Willi Agato, un gran amigo que tuvo la sensibilidad y cercanía (propia de su ser) para acompañarme y hacerme sentir en casa. Todos ellos,  un joven equipo, dieron lo mejor de sí desde su carisma y persona, en estos intensos días de trabajo que tuvieron la impronta de una alegría misionera que me contagiaba.

La cobertura del evento fue todo un éxito. Pudimos incluso compartir nuestra señal con una pantalla gigante dispuesta a las afueras de templo ya que muchísimos peregrinos no pudieron acceder a la Misa de Gallo presidida por el obispo de Torreón, Mons. Luis Martin Barraza Beltrán. El inmenso templo se hizo pequeño ante tanta concurrencia donde posiblemente había más personas siguiendo la misa afuera que adentro. Al final, la comunidad, en agradecimiento a la dedicación de tantos voluntarios de los diferentes grupos parroquiales, realizó en la tarde del viernes 13 una comida-convivencia con todos los implicados en la logística y organización de estas festividades.

A pocas horas de partir de regreso a la Ciudad de México doy gracias a Dios y a los Misioneros Claretianos por haberme permitido la oportunidad de encontrarme con una fe tan vívida y profunda como la que corona la religiosidad de este pueblo torreonense, una religiosidad amable y contagiosa, filial y sincera, cercana y compresible como lo es el amor a la madre.

Celebro el encomiable trabajo de los Misioneros Claretianos en esta parroquia y pido a Dios por los buenos frutos que seguramente brotarán de esta experiencia de Misión Compartida.

 

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