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Por Aleteia Publicado Marzo 17, 2020
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Millones de católicos de todo el mundo “participan” de la liturgia a distancia en estos tiempos de coronavirus, hazlo en vivo

La pandemia del coronavirus (Covid-19) ha provocado que en muchos países se imponga y en otros se recomiende un confinamiento domiciliario como medida preventiva de nuevos contagios.

Por parte de la Iglesia católica, empezando por la Santa Sede y siguiendo por cientos de diócesis, se han cerrado templos, se celebra la liturgia a puerta cerrada y se ha dispensando del precepto dominical a los fieles cuando no sea posible acudir a celebrar la eucaristía.

La liturgia en casa

Esta situación crítica ha servido para aumentar la creatividad por parte de muchos pastores de la Iglesia, que han iniciado, con más o menos pericia, la experiencia de “retransmitir” sus celebraciones para que puedan unirse los feligreses que deben permanecer en sus hogares.

Las tecnologías de la información y las redes sociales posibilitan hacer eso desde el propio teléfono móvil u ordenador personal, sin necesidad de otros medios técnicos, siempre que se tenga conexión a Internet de calidad.

Esto, que a gran parte de la población ha sorprendido no es, ni mucho menos, una novedad radical. Hay parroquias y otras instituciones eclesiales que ya son veteranas en esto de compartir la liturgia a través de Internet, ya sea en un canal de YouTube, en un directo de Instagram o utilizando Facebook Live, entre otras muchas herramientas.

Y no podemos olvidar el servicio impagable de las cadenas de televisión y emisoras de radio que desde hace muchos años ofrecen el servicio dominical de la Misa –o algunos medios católicos, a diario– a todos aquellos que no pueden acudir a la iglesia para celebrar su fe.

En estos momentos de preocupación mundial, es justo agradecerles sus esfuerzos en todo tiempo, ya de bonanza, ya de epidemia.

¿Qué dice la Iglesia?

Algunos sacerdotes, con la mejor intención, se han preocupado de grabar –o de que les graben– la celebración de la eucaristía para compartir el vídeo, a posteriori, con todo el mundo. Los documentos de la Iglesia tratan esta praxis:

Ya en 1971 el organismo del Vaticano dedicado a los medios de comunicación social, en su instrucción pastoral Communio et Progressio, señalaba lo siguiente:

Entre las emisiones religiosas más apropiadas y deseables están las de la santa misa y otras ceremonias litúrgicas. Es necesario que se preparen con el mayor cuidado, tanto en el aspecto litúrgico como técnico. Hay que tener en cuenta la diversidad de espectadores y, si la emisión va a tener audiencia en otras naciones, también las costumbres y creencias religiosas de las mismas. La frecuencia y duración de estas emisiones se debe adaptar a los deseos de los espectadores” (n. 115).

¿Para quiénes “sirve” la Misa televisada? Está claro: para todas aquellas personas que, por cualquier circunstancia, no puedan acudir a la celebración con la comunidad.

No “vale” lo mismo una eucaristía en la que se participa que una que simplemente se ve o se oye gracias a las tecnologías de la comunicación. Pero cuando es imposible ir, uno puede unirse espiritualmente a algo que está teniendo lugar.

Las circunstancias actuales, totalmente extraordinarias, hacen que sea preciso evitar todo contacto con otros para cuidar la salud pública y, en definitiva, el bien de cada persona.

Eso justifica que los obispos –empezando por el de Roma– hayan indicado a los católicos que se unan a las celebraciones a través de los medios de comunicación o Internet.

¿Se puede emitir una Misa grabada?

La utilidad y los criterios a la hora de emitir la Misa están claros. Pero no se dice nada de si deben ser en directo o grabadas.

Se trata de una cuestión ya antigua, dado que en algunos lugares y momentos se ha dado el problema de la imposibilidad o dificultad de emitir la eucaristía en directo, ya sea por razones técnicas o de recursos humanos o económicos (sobre todo si hablamos de medios regionales o locales, más modestos).

Hay casos en los que se ha emitido el domingo por la mañana una Misa que había sido grabada previamente el sábado por la tarde. Se aseguraba, así, que era una celebración del mismo domingo –al ser la Misa vespertina– de forma “verídica”.

Porque cualquier otra práctica no sería aceptable, por supuesto (por ejemplo, grabarla en cualquier otro momento “como si fuera” dominical).

Ahora en muchos países no existe ese problema para la persona que quiera “participar” de la eucaristía: hay múltiples posibilidades, tanto en televisión y radio como en Internet, no sólo para unirse a la Misa del domingo, sino también a la de todos los días. En total y riguroso directo.

Los obispos italianos lo dejaron claro en su nota Il giorno del Signore (1984): en estas celebraciones retransmitidas “la palabra de Dios es proclamada y comentada ‘en directo’, y puede suscitar la oración; el enfermo y el anciano pueden unirse espiritualmente a la comunidad que en ese mismo momento celebra el rito eucarístico; la oración universal puede ser compartida” (n. 35). En directo.

Porque así la participación es más real: nos unimos a un altar muy concreto, en el que Jesucristo se está ofreciendo una vez más, como hizo en la cruz, para salvar el mundo.

Aunque esté el sacerdote solo ante un teléfono o un ordenador o una cámara –como sucede estos días en tantas ocasiones–, ahí está el centro del universo. Por eso, dejemos las grabaciones que no aportan nada, pudiendo unirnos en tiempo real.

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